
Soledad no deseada en personas mayores
13 de mayo de 2025
Revisión Geriátrica en Otoño
23 de octubre de 2025Las caídas son una de las principales causas de lesiones graves en personas mayores (en 2024 fueron la primera causa de muerte externa en España), y el riesgo se incrementa en otoño. Cambios en la luz, temperaturas más bajas, suelos húmedos y menor actividad física generan un entorno propicio para los accidentes, que pueden tener consecuencias devastadoras para la salud y la autonomía del adulto mayor durante el otoño, especialmente.
En este artículo, como geriatra y divulgador, quiero explicarte por qué las caídas aumentan en esta época del año, qué consecuencias tienen y, sobre todo, cómo prevenirlas de forma práctica y realista.
1. ¿Por qué hay más caídas en otoño?
El otoño nos trae paisajes hermosos, aire más fresco y una sensación de calma que muchos disfrutamos. Pero, en el caso de las personas mayores, esta estación también trae consigo una serie de factores que aumentan significativamente el riesgo de caídas.
Desde el entorno hasta el estado físico y emocional, todo cambia con la llegada del otoño. Y si no estamos atentos, estos cambios —que pueden parecer pequeños— se convierten en trampas invisibles para la seguridad de nuestros mayores.
Existen cinco factores que aumentan el riesgo de caídas en personas mayores durante esta estación, veamos porque es una época crítica para las caídas y como prevenirlas:

1.1 Suelos húmedos y hojas caídas: enemigos silenciosos
Durante el otoño, la humedad ambiental aumenta, aparecen lluvias intermitentes y las aceras se llenan de hojas secas. Esto, combinado con suelos irregulares, baldosas resbaladizas o entradas mal mantenidas, crea un terreno peligroso incluso en trayectos cortos como ir a tirar la basura o comprar el pan.
Además, muchas personas mayores no utilizan calzado antideslizante o caminan con pasos más cortos y menos estables, lo que multiplica el riesgo.
1.2 Menos luz natural y peor visión
En otoño anochece antes, los días son más grises y muchas viviendas siguen teniendo poca iluminación artificial, sobre todo en pasillos, escaleras o baños.
Las personas mayores suelen tener algún grado de pérdida visual (cataratas, presbicia, degeneración macular, etc.), y su adaptación a los cambios de luz es más lenta. Por tanto, moverse por casa o por la calle con poca luz aumenta la probabilidad de tropezar con objetos o no ver bien desniveles.
1.3 Disminución de la actividad física
Cuando hace frío, hay lluvia o viento, lo primero que se reduce es la salida a la calle. A esto se suma que muchas personas mayores ya tienen rutinas limitadas, y la inactividad favorece:
- Pérdida de masa muscular (sarcopenia)
- Menor flexibilidad
- Empeoramiento del equilibrio
- Rigidez articular
Este deterioro funcional silencioso ocurre más rápido de lo que imaginamos: con tan solo unos días o semanas de inactividad, una persona mayor puede perder fuerza, confianza al caminar y reflejos protectores.
1.4 Uso de ropa voluminosa o poco funcional
En otoño empiezan a aparecer los abrigos largos, bufandas, gorros, mantas, capas… y aunque protegen del frío, también pueden convertirse en un obstáculo si:
- Se arrastran o se enganchan en muebles, ruedas de andadores o puertas.
- Tapan la visión del suelo.
- Limitan el movimiento de piernas o brazos.
- Generan sensación de pesadez al andar, sobre todo si son de tejidos gruesos.
Además, muchas personas mayores se visten solas y con dificultad, lo que puede hacer que lleven ropa mal colocada o poco ajustada, incrementando aún más el riesgo de caídas.
1.5 Mayor fatiga, trastornos del sueño y confusión leve
El cambio de estación afecta los ritmos circadianos. En otoño, muchas personas mayores:
- Duermen peor o cambian sus horarios habituales.
- Se sienten más cansadas o somnolientas durante el día.
- Pueden experimentar desorientación (por la menor exposición a la luz natural).
- Si tienen deterioro cognitivo leve o demencia, presentan más síntomas al atardecer (el llamado síndrome vespertino o sundowning).
Todo esto disminuye la atención, los reflejos y la capacidad para reaccionar ante un desequilibrio. Es decir, no solo es más fácil caerse, sino que también es más difícil evitar la caída cuando el cuerpo comienza a perder el control.
2.- El impacto real de una caída en la vida de una persona mayor

A veces, escuchamos la frase “solo ha sido una caída sin importancia”, pero en geriatría sabemos que ninguna caída en una persona mayor es irrelevante. Incluso aquellas que no provocan una lesión visible pueden generar consecuencias físicas, psicológicas y funcionales que afectan profundamente la calidad de vida del paciente.
Una caída puede significar el comienzo de una cadena de eventos negativos que desembocan en pérdida de autonomía, hospitalizaciones o dependencia prolongada.
Veamos, punto por punto, qué puede desencadenar una caída y por qué es tan importante prevenirla:
2.1 Fracturas: una lesión que cambia vidas
Las fracturas son la consecuencia más evidente y temida de una caída. Las más frecuentes en personas mayores son:
- Fractura de cadera: una de las más graves. Requiere cirugía, hospitalización y rehabilitación prolongada. Muchas veces implica pérdida irreversible de autonomía.
- Fractura de muñeca o radio distal, la conocida como fractura de Colles: impide usar correctamente las manos, dificultando tareas básicas como comer, vestirse o asearse.
- Fractura de costillas: muy dolorosa, limita la respiración profunda y puede favorecer infecciones respiratorias secundarias.
2.2. Traumatismos craneoencefálicos
Golpes en la cabeza, aunque no presenten un corte o una herida externa, pueden ocasionar:
- Hematomas cerebrales.
- Confusión mental o pérdida de conciencia.
- Empeoramiento del deterioro cognitivo.
- En casos graves, la muerte.
Especialmente peligrosos si la persona toma anticoagulantes, ya que el riesgo de sangrado cerebral aumenta significativamente, incluso con caídas aparentemente leves.
2.3. Síndrome de Temor a Caer (STAC): el miedo que paraliza
Tras una caída, muchas personas mayores desarrollan un miedo intenso a volver a caminar, el conocido en geriatría con Síndrome de Temor A Caer (STAC). Este temor lleva a evitar el movimiento por precaución, lo que genera:
- Mayor sedentarismo.
- Rápida pérdida de masa muscular.
- Mayor riesgo de nuevas caídas.
- Sensación de inseguridad constante.
Este fenómeno puede tener un impacto psicológico y funcional devastador.
2.4. Pérdida de autonomía y dependencia repentina
Una caída, incluso sin fractura, puede ser el detonante de una pérdida de independencia. Actividades básicas como:
- Levantarse del sofá.
- Ir al baño.
- Subir un escalón.
- Vestirse o asearse.
...pueden volverse peligrosas o imposibles si la persona pierde confianza, movilidad o fuerza, lo que requiere apoyo externo (familiar, cuidador, silla de ruedas…).
Y lo más duro es que muchas veces esa autonomía no se recupera, especialmente si no hay rehabilitación temprana.
3.- ¿Cómo prevenir caídas en personas mayores durante el otoño?
Prevenir caídas no se trata solo de poner una barra en el baño o de decir "ten cuidado". Se trata de crear un entorno seguro, mantener el cuerpo fuerte y cuidar también la mente y los sentidos. Es un trabajo en equipo, continuo y adaptado a cada persona.
3.1 Mejorar el entorno
El hogar debe ser un lugar seguro, no una trampa invisible.
Muchas caídas se producen dentro de casa, y lo preocupante es que podrían haberse evitado con medidas muy simples. Aquí te explico cómo adaptar el entorno tanto en interiores como en exteriores.
La mayoría de las caídas en personas mayores ocurren dentro de casa, y muchas de ellas podrían prevenirse con cambios sencillos pero estratégicos. Uno de los puntos clave es garantizar una buena iluminación en todas las estancias, especialmente en pasillos, baños y zonas de paso durante la noche. Detalles como dejar una lámpara encendida o instalar sensores de movimiento pueden marcar la diferencia.
También es importante liberar las zonas de paso de obstáculos: fuera alfombras que se arrugan, cables por el suelo, taburetes bajos o muebles que interfieren al caminar. En el baño, la colocación de barras de apoyo junto al inodoro y dentro de la ducha o bañera ofrece estabilidad y confianza a la hora de asearse. A eso se suma el uso de suelos antideslizantes o alfombrillas con ventosa, que reducen el riesgo de resbalones en superficies mojadas.
Cuando salimos al exterior, la prevención continúa. Si el día está lluvioso, ventoso o hay riesgo evidente de resbalones, lo ideal es posponer la salida, sobre todo si no va acompañado. Al pasear, conviene elegir rutas planas, bien conocidas, con bancos para descansar y buena iluminación. Si hay problemas de equilibrio, no hay que dudar en usar bastón o andador: no es señal de debilidad, sino de prudencia. Eso sí, deben estar en buen estado y bien ajustados a la altura del usuario.

3.2 Fortalecer el cuerpo
Un cuerpo activo es un cuerpo más estable y seguro.
A partir de los 70 años, el cuerpo pierde fuerza muscular a gran velocidad si no se mantiene activo. Esta pérdida de masa y fuerza muscular se llama sarcopenia, y es una de las principales causas de caídas junto con la alteración del equilibrio.
¿Qué podemos hacer?
- Ejercicio diario, adaptado a cada persona: caminar dentro o fuera de casa, subir escaleras, estiramientos, ejercicios de equilibrio (como mantenerse sobre un pie o caminar en línea recta). Todo suma. Lo importante es que el cuerpo no se oxide.
- Actividades grupales o dirigidas: yoga suave, taichí, gimnasia para mayores. Además de trabajar fuerza y equilibrio, estimulan el ánimo y la socialización.
- Buena alimentación: rica en proteínas, calcio y vitamina D. El cuerpo necesita “material de construcción” para mantener huesos y músculos fuertes.
- Evitar el sobrepeso, que desequilibra el centro de gravedad y añade carga a las articulaciones. Pero también evitar el bajo peso, que debilita la musculatura.
- Hidratación: muchas personas mayores no sienten sed, pero la deshidratación favorece mareos, bajadas de tensión y debilidad muscular. Pequeños sorbos frecuentes, infusiones o caldos pueden ayudar.

3.3. Cuidar la mente y los sentidos
La estabilidad también depende de cómo vemos, cómo oímos y cómo pensamos.
Una caída no siempre es culpa de las piernas. Muchas veces, el problema está en la cabeza (visión, oído, atención, medicación…). Y en personas con deterioro cognitivo, el riesgo se multiplica.
Claves para prevenir desde lo cognitivo y sensorial:
- Revisión periódica de la vista y el oído: cataratas, presbicia, pérdida auditiva… Todo esto puede hacer que la persona no vea un escalón o no escuche una advertencia. Corregirlo es fácil, pero si no se detecta, puede tener consecuencias graves.
- Valorar la medicación con el médico o geriatra: algunos fármacos (ansiolíticos, antidepresivos, antihipertensivos…) provocan mareos, bajadas de tensión o somnolencia.
- Estimulación cognitiva diaria: mantener la mente activa mejora la concentración y la orientación. Leer, hacer sopas de letras, recordar rutinas, conversar o participar en actividades con otros, ayudan mucho.
- Evitar levantarse bruscamente: al estar mucho rato sentado o acostado, el cuerpo puede sufrir una bajada de tensión ortostática (mareo súbito). Siempre es mejor incorporarse lentamente, hacer una pequeña pausa sentados en el borde de la cama, y después ponerse de pie.
La prevención no es un gasto, es una inversión en dignidad y autonomía







