
Planes otoñales para hacer con personas mayores
23 de octubre de 2025
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23 de octubre de 2025Con la llegada del otoño, los días se acortan, las temperaturas descienden y la luz del sol cambia de tono. Para muchos, esta época del año puede resultar entrañable, incluso poética. Pero para las personas mayores, estos cambios estacionales suponen un verdadero reto para su salud física, mental y emocional.
En este artículo, quiero explicarte de forma sencilla y cercana cómo afecta el cambio de estación —especialmente la transición del verano al otoño— a nuestros mayores, y qué podemos hacer para acompañarlos mejor durante esta etapa.
1.- Cambios de temperatura: un riesgo silencioso pero importante
Con la llegada del otoño, uno de los primeros cambios que notamos es el descenso progresivo de las temperaturas. A menudo se habla del frío como algo molesto o incómodo, pero en el caso de las personas mayores, puede convertirse en un verdadero riesgo para la salud.
1.1 ¿Por qué son más vulnerables al frío?
A medida que envejecemos, nuestro cuerpo pierde eficacia en los mecanismos que regulan la temperatura corporal. Esto significa que las personas mayores pueden no sentir el frío con la misma intensidad que los más jóvenes, pero sí sufrir sus consecuencias fisiológicas. Algunos factores que influyen en esta vulnerabilidad son:
- Menor masa muscular y grasa subcutánea, que actúan como aislantes naturales.
- Metabolismo más lento, que reduce la generación de calor corporal.
- Enfermedades crónicas que afectan la circulación o el sistema nervioso.
- Medicación que puede alterar la percepción térmica o la respuesta del organismo al frío (como los betabloqueantes o algunos psicofármacos).
1.2 ¿Qué problemas puede causar el frío otoñal?
A menudo asociamos la hipotermia con temperaturas extremas al aire libre, pero en personas mayores puede aparecer en ambientes domésticos si no se abrigan adecuadamente o si la casa no tiene una calefacción suficiente. Una temperatura ambiente por debajo de 20°C ya puede ser peligrosa.
Los síntomas pueden ser sutiles: piel fría, somnolencia, lentitud al moverse o hablar, y en casos más avanzados, confusión mental. Es fácil confundir estos signos con "cosas de la edad", lo cual retrasa el diagnóstico.
1.3 Mayor riesgo de infecciones respiratorias
Con el frío, el sistema inmunológico puede debilitarse y las mucosas respiratorias se resecan, lo que favorece la entrada de virus y bacterias. Las infecciones como catarros, bronquitis o neumonía son más frecuentes en otoño, y en una persona mayor pueden tener consecuencias graves, incluso hospitalizaciones.
Además, el encierro prolongado en espacios cerrados y poco ventilados facilita el contagio entre convivientes o en residencias.
1.4 Dolores articulares más intensos
Las personas mayores que padecen artrosis, artritis u otras enfermedades osteoarticulares suelen notar un aumento del dolor y la rigidez con el cambio de estación. El frío y la humedad pueden desencadenar inflamación o espasmos musculares reflejos que empeoran el estado funcional.
A esto se suma que, con menos movilidad, se reduce la lubricación natural de las articulaciones, favoreciendo la sensación de rigidez matinal o tras periodos prolongados sentados.
2.- Menos luz, más tristeza
El impacto del otoño en el estado de ánimo y el sueño de las personas mayores
Uno de los cambios más evidentes cuando llega el otoño es la disminución progresiva de la luz solar. Los días se acortan, las tardes oscurecen más pronto, y pasamos más horas bajo luz artificial o directamente en penumbra. Este cambio, que para muchos puede parecer simplemente una “molestia” o una “señal de que el verano se acabó”, tiene un impacto profundo en la salud emocional y física de las personas mayores.
2.1.- ¿Por qué influye tanto la luz en el bienestar de las personas mayores?
La luz solar no solo nos permite ver mejor: es un regulador natural de muchos procesos biológicos. En concreto, influye directamente sobre el reloj interno del cuerpo humano, también conocido como ritmo circadiano. Este reloj regula funciones tan importantes como el sueño, el estado de ánimo, el apetito y la energía.
En las personas mayores, este sistema ya está más debilitado de por sí, y los cambios estacionales lo afectan con mayor intensidad. ¿El resultado? Cambios de humor, alteraciones del sueño y una mayor tendencia al aislamiento.
Consecuencias emocionales y psicológicas del menor tiempo de luz
2.2.- Tristeza estacional o síntomas depresivos
Lo que muchas veces llamamos "bajón otoñal" puede tener nombre y apellidos: se trata del trastorno afectivo estacional (TAE). Esta forma de depresión leve o moderada se manifiesta con:
- Falta de energía.
- Desinterés por actividades habituales.
- Tristeza sin motivo aparente.
- Dificultad para concentrarse.
- Aumento del sueño y cambios en el apetito.
En personas mayores, estos síntomas pueden pasar desapercibidos o confundirse con “cosas de la edad”, cuando en realidad pueden y deben tratarse.

2.3 Alteraciones del sueño
Con menos exposición a la luz natural, la producción de melatonina (hormona del sueño) se altera. Esto puede provocar:
- Somnolencia diurna.
- Dificultad para conciliar el sueño por la noche.
- Sueño fragmentado o superficial.
- Desajuste en los horarios naturales (se acuestan muy temprano, se despiertan de madrugada).
Un mal descanso repercute directamente en la calidad de vida, el ánimo y la función cognitiva.
2.4 Sensación de soledad o apatía
Los días grises, el frío y la falta de luz invitan a quedarse en casa. Pero cuando esta situación se prolonga, puede derivar en aislamiento social, especialmente si la persona mayor vive sola o tiene dificultades para salir por sí misma.
La consecuencia es una sensación de apatía, falta de motivación y retraimiento, que puede empeorar cuadros de deterioro cognitivo o emocionales ya existentes.
3. Menos actividad física: el otoño también enfría el movimiento

Con la llegada del otoño, no solo cambia el clima… también cambian nuestros hábitos. Los días más cortos, el frío, la humedad o la lluvia hacen que salir a la calle resulte menos apetecible. Este efecto es especialmente significativo en las personas mayores, que tienden a reducir su actividad física en esta época del año, muchas veces sin darse cuenta.
Lo que comienza como “una tarde más en casa” o “una semana sin salir porque hace mal tiempo”, puede convertirse en un problema importante de salud si se mantiene en el tiempo.
3.1 ¿Por qué es tan importante moverse cada día?
El movimiento no es solo “hacer ejercicio”. En las personas mayores, mantenerse activas es esencial para conservar su autonomía, su equilibrio y su calidad de vida. El cuerpo, cuando deja de moverse, pierde capacidades a una velocidad mayor que en adultos más jóvenes.
Este fenómeno se conoce como desacondicionamiento físico, y ocurre con solo unos pocos días de inactividad.
3.2 ¿Qué riesgos tiene la inactividad en otoño?
Pérdida de masa muscular y resistencia, la llamada sarcopenia (pérdida progresiva de masa y fuerza muscular) se acelera si no se realiza actividad física regular. Esto hace que actividades cotidianas como levantarse de la silla, subir un escalón o caminar hasta la cocina resulten más difíciles o inseguras.
Aumento del riesgo de caídas, el frío y la humedad hacen que muchas personas mayores pasen más tiempo en casa… pero no siempre en condiciones ideales. Alfombras mal colocadas, suelos resbaladizos o escasa iluminación aumentan el riesgo de caídas, que pueden tener consecuencias graves (fracturas, hospitalizaciones, pérdida de autonomía).
Además, si la musculatura está debilitada, el cuerpo reacciona peor ante desequilibrios, y esto multiplica el riesgo.
Deterioro del equilibrio y la autonomía, el equilibrio, como cualquier capacidad corporal, se entrena. Si se deja de trabajar (aunque sea caminando un poco cada día), se pierde. Y con él, también se resiente la seguridad al andar y la confianza en uno mismo.
Esto puede generar un círculo vicioso: “como tengo miedo a caerme, no me muevo → y como no me muevo, pierdo fuerza y equilibrio → y como estoy más débil, me caigo”.
El cambio de estación no es solo un cambio climático. Es un cambio integral que afecta al cuerpo, al ánimo y a la rutina de las personas mayores.
Como geriatra, siempre recomiendo observar con cariño y atención. Cada persona es distinta, pero todas necesitan sentirse cuidadas, vistas y acompañadas.





